Blogia

Arika

La décima musa

La décima musa

Un igual a los dioses me parece
el hombre aquél que frente a ti se sienta,
de cerca y cuando dulcemente hablas
te escucha, y cuando ríes
seductora. Esto – no hay duda – hace
mi corazón volcar dentro del pecho.
Miro hacia ti un instante y de mi voz
ni un hilo ya me acude,
la lengua queda inerte y un sutil
fuego bajo la piel fluye ligero
y con mis ojos nada alcanzo a ver
y zumban mis oídos;
me desborda el sudor, toda me invade
un temblor, y más pálida me vuelvo
que la hierba. No falta – me parece –
mucho para estar muerta.

NADA

NADA

Veo como pasa el tiempo, impasible, ante la ventana.
La gente a mi alrededor vive, mientras yo estoy muriendo en vida.
Es mi corazón una coraza que marca un ritmo lento y sigiloso.
No ama, no siente nada; tan sólo llora y desea latir para ese otro corazón. Ese corazón frío, dueño de mi alma, un corazón que me dejó; que abandonó una mirada, una sonrisa, una lágrima.
¿Quién va a querer a un corazón que no ama?
Son mis besos calculados y sin sentimiento. Es mi mirada con ternura falsa una daga ensallada en el espejo.
Miento al decir te amo, ya mis palabras sin sentido se han quedado.

Dudas

Ya no sé qué hacer para olvidar tus besos.
Ya no sé qué hacer para olvidar tu amor.
No hago más que recordarte,
y morir por dentro de dolor.
Es mi alma la que se apaga
el que sufre...mi corazón.
¿Y la que llora por las noches?
Esa...Esa soy yo

Despedida

Despedida

Ya mi corazón no suspira por los latidos del tuyo; ahora rompe en llanto por el borroso recuerdo de una mirada.
Ya mi alma no está sellada en los muros de tu piel canela, ahora cabalga libre por los campos y praderas.
Ya no son mis ojos los que se cierran cansados buscándote, ahora mis ojos miran sin descanso cada amanecer.

Pero aún así, a pesar de que he conseguido olvidar tu amor sé que un pedazo de mi espíritu está contigo y me recuerda que un día soñé con aquellos besos ardientes, que amé tu cuerpo y que fueron ríos turbios mis ojos, que fueron tantas las lágrimas teñidas de sangre que mi corazón arrancaba de mis venas. Que fueron muchos los momentos desesperados en los que te buscaba detrás de cada alma, detrás de cada mirada.

Pero eso se esfumó. Ahora son punzadas de recuerdo en mi corazón. Ya no hay nada que decir; todo llegó a su fin. Tú viviendo tu vida y yo intentando construir una nueva sin tí.
Espero que la felicidad te envuelva, y que al mirar cada mañana sean mis ojos los que veas y que tu corazón se llene de nostalgia. No intentes buscarme; sólo en tu mirada estaré,
Ya sólo nos podemos decir una cosa, resguardada en el aire de nuestra respiración; cuando pases por mi lado, no me mires; suspira, y me dirás ADIÓS